En el mes de abril de 1935 se produjo la destrucción parcial del antiguo paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén realizado por el escultor Antonio Palao entre 1862 y 1863 para la Hermandad de la Sangre de Cristo.

El origen de este Paso procesional, realizado en madera policromada, se remonta al 8 de junio de 1862. Aquel día, la citada Hermandad celebró Capítulo extraordinario, con objeto de aumentar el número de misterios que componían por aquel entonces la procesión del Santo Entierro.

La propuesta era doble: la construcción de una imagen de «La Piedad», símbolo de la Hermandad, o bien la de «La Entrada de Jesús en Jerusalén», Paso que abriría la Procesión y que completaría la escena de los hebreos y el coro de niños que entonces formaban parte del desfile procesional.

Las preferencias de los hermanos reunidos en el Capítulo fueron hacia la segunda de las propuestas y, tras oportunas deliberaciones, se decidió encargar el proyecto de ejecución.

El día 16 de junio del mismo año, se realizó un nuevo Capítulo en el que se presentaron dos presupuestos distintos: el primero estaba firmado por José Alegre, que solicitaba la cantidad de 10.000 reales, a recibir en tres plazos en el transcurso de un año, o bien 11.000 reales si el pago se retrasaba hasta la finalización de la Cuaresma de 1863.

El segundo proyecto, que resultó ser el elegido, llevaba la autoría de Antonio Palao, quien se comprometía a hacerlo por 14.000 reales amoldando el pago a las posibilidades económicas de la Hermandad, incluyendo además la construcción de una peana, tornillos para asegurar las figuras , el pintado y traslado del conjunto al lugar donde se aprobase bendecirlo.

El boceto presentado por Antonio Palao – que años más tarde realizaría la talla de «La Piedad»- presentaba con la obra definitiva numerosas diferencias, estando compuesto tan sólo por cuatro figuras: Jesús sobre la burra, un Apóstol en la parte posterior, un niño que corre delante de Jesús y un hombre que extiende sobre el suelo un lienzo sobre el que pasaría Cristo.

Este boceto, realizado en madera, fue sorteado el 10 de mayo de 1863 y actualmente forma parte de una colección particular. El paso fue estrenado el Viernes Santo de 1863. Constaba de siete imágenes y utilizó como modelos a varios miembros de su familia; el niño que corría delante de Jesús era su hijo Carlos – luego afanado escultor- que por aquel entonces tenía seis años; su mujer, María Ortubia, aparecía en éxtasis ante la figura de Jesús y su hijo más pequeño, que aparecía en brazos de otra mujer.

En su realización también tuvo parte muy importante el escultor don Manuel Albareda Cantavilla, discípulo que colaboró con su maestro en numerosas ocasiones. Era llevado en procesión por veintiún hombres, aunque por su excesivo peso ya se le habían colocado ruedas unos años antes de ser destruído.

Este Paso fue incendiado la noche del día 9 de abril de 1935, cuando penetraron en el antiguo garaje de pasos de la calle Monreal varios individuos con el fin de destruir todos los grupos procesionales. Aunque las llamas lo alcanzaron en gran parte, parece ser que no quedaron muy dañadas las imágenes posteriores, principalmente las de Jesucristo, San Pedro y San Juan.

Dos años después, en 1937, una vez desechada la idea de restaurar el Paso de Palao, la Hermandad de la Sangre de Cristo convocó un Concurso Nacional para la construcción del nuevo Paso de La Entrada de Jesús en Jerusalén, presentándose dos proyectos y eligiendo en noviembre del mismo año el presentado por los hermanos Joaquín y José Albareda Piazuelo, quienes tenían de plazo para su realización la Semana Santa de 1940.