Se trata de una referencia en la Semana Santa zaragozana puesto que su trayectoria artística viene de lejos, concretamente de D. Manuel Albareda Cantavilla (Caspe, 1828-1915).

Estudió en un taller de escultura de Quinto de Ebro y luego en Mirambel, con el imaginero Ramón Ferrer.

Posteriormente, en 1854 se convirtió en colaborador fijo en el taller del escultor Antonio Palao Marco. En 1858 volvió a Caspe, donde abrió un taller denominado «Arte Cristiano», además de una escuela de Bellas Artes.

Contribuyó decisivamente en todas las obras que realizó Antonio Palao para la Semana Santa de Zaragoza.

Su hijo, D. Jorge Albareda Cubeles (Caspe, 23-IV-1865; Zaragoza, 3-II-1933), colaboró con el taller de su padre hasta 1881. Después trabajó en el taller de Carlos Palao y, por indicación de éste, trasladó el taller de «Arte Cristiano» a Zaragoza.

Don José Albareda Piazuelo (Caspe, 12-X-1889; Zaragoza, 1-XII-1967) y Don Joaquín Albareda Piazuelo (Zaragoza, 13-II-1893; 15-V-1968), hijos de Don Jorge, a partir de la década de los años veinte sustituyeron a su padre en el taller de «Arte Cristiano».

Su principal obra fue la realización en 1940, del Paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén.