Las figuras necesitaron innumerables horas de estudios de dibujo, después bocetos de barro, los definitivos en arcilla y un proceso de vaciado en escayola.

Después las figuras se escalaron a tamaño natural, para tallarlas en roble “Flandes” para realizar, por último, la aplicación de aparejo de yeso, lijados, policromía y patinas.

Por fin, en 1940 el conjunto escultórico está terminado a falta del niño que está delante de la borrica y que será colocado en su lugar al año siguiente.

A la complejidad natural de hacer un paso tan grande y de tanto valor artístico, se une la dificultad de simular el plegado de las telas sobre las figuras, lo cual pudieron solventar los artistas estudiando telas recias montadas en un maniquí a tal efecto, heredado de D. Antonio Palao.

En cuanto a la borrica, se tomó como modelo una del arquitecto D. Teodoro Ríos Balaguer que usaba para labores agrícolas en una torre situada aproximadamente en la actual Glorieta de Sasera.

Todas las mañans iban a buscar a «Perico» y montados en su lomo bajaban hasta el taller, para que posara el animal.